De niño siempre me llamo la atención los deportes que
implican agresividad o destilan harta adrenalina. Siempre me quedaba observando
a los skaters, bikers o rollers que se juntaban en las rampas del parque de mi
calle.
Cuando crecí, me compre una bicicleta para hacer piruetas y
una tabla de surfear. La experiencia fue realmente increíble, los golpes y
otras consecuencias de jugar duro eran lo que menos me importaba, solo el hecho
de sentir que podía tener el control así como encarar a la gravedad me llenaba
de mucha emoción y se convirtió parte esencial de mi vida.
Después de algunos ahorros, decidí dedicarme por un tiempo a
practicar deportes de aventura. Hice
paracaidismo, canotaje en ríos muy agresivos (por suerte aun sigo viva),
ciclismo en las montañas de la sierra de Perú así como también por los paisajes
de la selva, alpinismo, entre otros.
Con el tiempo, conocí a unos turistas extranjeros, quienes
se dedicaban enteramente a practicar
deportes de aventura, así que me uní a ellos para viajar por otros países.
Surfear las olas de California o Hawái fue una de las intensas experiencias que
he podido tener en el mar, además hice grandes amigos.
Lanzarme de lleno a las cosas más locas que implica este
estilo de vida ha hecho que me dé cuenta de lo hermoso que puede ser sentirse
parte de este mundo cuando encuentras lo que te hace de verdad feliz.
Quienes
alcanzan sus sueños, frente a muchas adversidades, sabrán finalmente que han
sabido sobrevivir y que son los más grandes soñadores que pueden hacerlo todo
realidad.
Aun tengo 23 años, me siento muy joven y todavía me queda
mucho tiempo por recorrer el mundo haciendo lo que más amo: practicar deportes de aventura deporte y nutricion
.
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